El árbol de la esperanza.

Desde niño he recorrido en bicicleta el monte del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, especialmente entre las localidades de Hoyo de Manzanares, La Berzosa y Torrelodones. Lo conozco como el pasillo de mi casa: Hacíamos cabañas en los árboles o entre las famosas rocas de granito (ese granito que cura la tuberculosis pero da cáncer), techándolas con arbustos de jara que arrancábamos despreocupados allí por donde escarbaban los jabalíes y pastaban las cabras y nos ladraban los mastines del pastor, mucho antes de que aquello fuera tipificado, junto con cazar lagartijas y ranas, como delito ecológico.

Cuando los niños todavía podían salir con la bicicleta y trepar a los árboles y a las rocas sin mas miedo que el de darse una buena hostia.

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Por entonces las personalizaciones de las bicicletas no consistían en añadirle accesorios sino mas bien en quitarle todo lo que fuera prescindible: Guardabarros, transportín, pata de cabra, cubrecadenas, reflectantes…al final la bici quedaba reducida a poco mas que un cuadro con dos ruedas, manillar y pedales.

Aún así, pesaban un huevo.

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Huelga decir que mi GAC, además de pesar como la madre que la parió, carecía de marchas. La zona por la que solíamos ir de un lado para otro era una especie de tela de araña tejida con líneas de caminos de tierra, hileras de roca y pedregales, sin apenas unos metros llanos entre subida y bajada. Esa extensión se conocería muchos años después entre los aficionados a la bici de montaña y a las carreras pedestres como “Rompepiernas”.

En alguna parte entre La Berzosa y la gasolinera que hay en la carretera que va de Torrelodones a Hoyo de Manzanares había un enebro, no muy grande, justo en el lugar del camino en el que tanto si venias de un lado como del otro comenzaba la bajada. Las diferentes pandillas de chavales, en ocasiones rivales, nos habíamos puesto de acuerdo -no recuerdo a solicitud de quién- en nombrarlo como “El árbol de la esperanza”.

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Es necesario haber pasado por allí alguna tarde de Agosto, pedaleando en una bici de paseo sin marchas, con las cortas piernas de un crío, sin agua y sin geles ni bebidas isotónicas para saber hasta qué punto era adecuado el nombre. Cada vez que coronabas ese repecho la sensación era parecida a la de los supervivientes de “¡Viven!” cuando divisan el pueblo al fondo del valle.

Bueno, igual me he pasado un poco.

Ahora, de adulto, con esto de correr, sigo pasando por allí a menudo y cada vez que lo veo a lo lejos procuro apretar un poco la zancada.

-“¡Hasta el árbol de la esperanza!”

Esta mañana he vuelto y me han venido a la cabeza todos esos recuerdos de niño.

El árbol ya hace años que está seco pero ahí sigue su silueta sin hojas, como un mojón caminero destinado a transmitir la esperanza de que a partir de allí, a lo lejos, viene la bajada.

Óscar Sanz.

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Diario del viaje a Cabo Norte. Etapa 12: Tenemos Fiordos para rato.

30 de Julio (Tromsø – Noruega / Andenes -Noruega) 397 Km.

Nos ponemos morados desayunando en el buffet del hotel. Incluso arenque y no sé qué otros pescados típicos de allí por aquello de no irnos sin probarlo. Mientras tanto nos da conversación María, la recepcionista española que nos cuenta cosas sobre los Fiordos y sobre la vida en Noruega. Nos insiste en que no dejemos de pasar por Lofoten y la Trollstigen, la carretera de los Trolls. Yendo en moto no nos podemos perder semejante puerto de montaña. Quizá el mas mítico de Europa para hacer una ruta en moto.

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Tras el desayuno cargamos el equipaje en las motos, nos ponemos la ropa de lluvia y partimos pero antes de salir de la ciudad nos dan el alto en un cruce dos policías, rubias, altas, con aspecto de modelos. Bueno, una de ellas de ex-modelo, pero también muy guapa. Se trata de un control de alcoholemia. Sin siquiera tener que parar el motor soplamos los tres por el cacharro, con resultado negativo, y proseguimos nuestro camino. La anécdota dio para algún que otro chascarrillo por los comunicadores durante un rato.

Lluvia y frío durante buena parte de la etapa, con un trayecto de casi dos horas en Ferry incluido que aprovechamos para calentarnos un poco. Nos recomiendan asegurar bien las motos con las cinchas debido al fuerte oleaje y cada uno nos ocupamos de fijar la nuestra. A continuación intento dormir un poco pero el fuerte oleaje me lo impide.

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El pueblo al que nos dirigimos, Andenes, es muy conocido por sus safaris en barco para avistar ballenas pero me temo que no vamos a tener tiempo para ello. Llegaremos después de comer y con ganas de descansar. Es una de las cosas malas de este viaje, que no disponemos de mucho tiempo entre etapa y etapa. habría dado para habernos quedado varios días en muchos de los sitios por los que pasamos pero de ser así en lugar de los 21 días se habrían convertido en un mes.

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La etapa son casi doscientos kilómetros pero por carreteras de curvas, entre fiordos, puentes y túneles, con lluvia intermitente y frio, a lo que hay que sumar las casi dos horas de Ferry. Un poco paliza, ciertamente.

El hotel en el que nos alojamos es una antigua base militar de la OTAN o algo así, unos barracones de madera pero bastante bien acondicionados, con baño y cocina compartidos. Está bastante apartado del pueblo y no es gran cosa pero como es sólo para dormir no es cuestión de quejarse. Es barato y esta limpio.

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Hacemos un esfuerzo para acercarnos con las motos de nuevo al pueblo a pesar del frío y la llovizna. Aparcamos en una de las calles principales y nos damos un paseo a pié. Parece un pueblo fantasma, no hay ni dios por la calle y lo achacamos a que será porque aquí tienen el horario adelantado y ya se ha ido todo el mundo a su casa porque el caso es que la población es bastante grande como para que se debieran ver habitantes.

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Deambulamos conversando durante un buen rato por las calles prácticamente vacías y acabamos entrando en un pub sin mucho ambiente a tomarnos una cerveza y entrar en calor.

De vuelta en el alojamiento tenemos la cocina comunitaria para nosotros solos. Nos hacemos una pasta deshidratada que nos sabe a gloria y nos vamos a la cama que mañana toca otra paliza.

Óscar Sanz.

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Diario del viaje a Cabo Norte. Etapa 11: Los Fiordos desde dentro.

29 de Julio (Alta – Noruega / Tromsø – Noruega) 397 Km.

Antes de Salir de Alta nos damos una vuelta por la ciudad. Parece que hay una carrera pedestre, con su arco de salida y llegada y carpas con merchandising pero no queremos perder tiempo para esperar a la llegada. Entramos en una tienda de motos para comprar no recuerdo qué pero Antonio y Fernando salen con unos cubre-asientos de gel para proteger sus culos. Yo me lo ahorro, mi culo está estupendamente.

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Lluvia, lluvia y mas lluvia durante casi toda la mañana pero al mediodía comenzó a despejarse para dejar paso a unas vistas alucinantes mirases a donde mirases. El verde volvía a ser mas intenso, el relieve mas montañoso y había agua por todas partes. Casi parecía que ibas navegando de isla en isla, conectadas entre sí por sinuosas carreteras rodeadas por inmensas superficies de agua a ambos lados. En ocasiones bordeábamos acantilados mientras que otras veces eran playas lo que casi pisábamos, en un subir y bajar similar a una suave montaña rusa de un color verde intenso. En otras ocasiones entramos en túneles cuya entrada se encuentra al nivel del mar y de repente empiezan a descender durante kilómetros . Da la impresión de que estás bajando al infierno en moto. Miras al techo y ves como se filtra en agua, lo cual no te inspira mucha confianza. Continua bajando unos cuatro o cinco kilómetros y luego, sin apenas recorrido en llano, se convierte en una subida hasta que asomas con alivio a cielo abierto donde las carreteras de doble sentido atraviesan pueblos preciosos. Qué suerte tenemos de estar aquí. Pero si aguanta sin llover, mejor.

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La ciudad de Tromsø es preciosa, aún al norte del Círculo polar Ártico, que durante la mitad del año vive en un eterno atardecer (o amanecer, según se mire) de colores preciosos y con una climatología tan amable como su gente. Un paraíso para la práctica del la bicicleta de montaña, el esquí y el trail/sky running. Un buen sitio para vivir…si no fuera porque la otra mitad del año es una noche continua con temperaturas bajo cero. No me puedo imaginar vivir de noche durante casi la mitad del año.

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Llegamos al hotel y resulta que la recepcionista es una catalana muy simpática que habla por los codos. Después de alucinar un poco con el hecho de que lleguemos en moto nos empieza a dar palique de cómo se vive allí, de lo bonito que es cuando es de día y de lo duro que se le hizo cuando llegó allí a vivir, especialmente el primer invierno, pero que ahora está encantada. cuando le contamos que tenemos pensado bajar por los Fiordos nos felicita por ir en moto y nos asegura que vamos a alucinar. Según ella son mucho mas bonitos desde tierra que desde el agua. Nos cuenta que cuando llegó ella aquí para dedicarse a ser guía turístico lo primero que tuvo que hacer, lógicamente, fue conocer los Fiordos. Por alguna razón la primera vez que los visitó tuvo que hacerlo en autobús, lo cual en principio le dio bastante bajón pero dice que luego se alegró de que así fuera. No entendemos muy bien el argumento pero, qué cojones, si ella lo dice, mejor para nosotros. Ya lo comprobaremos mañana. Si la lluvia y la niebla lo permiten, claro.

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Después de instalarnos nos acercamos a dar un paseo caminando por el pueblo. El realidad la ciudad es una isla en mitad de un Fiordo, comunicada con el exterior a través de un par de puentes y un túnel. La zona antigua es preciosa, con casas nórdicas de fachada de madera de colores, varios pubs y tiendas.

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Me llama la atención una tienda enorme de material de running y montaña. En esta ciudad existe una gran afición al trail running. De hecho se celebra anualmente un famoso maratón de montaña organizado entre otros por el español Killian Jornet, El famoso maratón del sol de medianoche es el mas septentrional de cuantos de celebran en el planeta y se celebra el 20 de Junio a las 20:30 para que los participantes puedan disfrutar del sol de medianoche durante podo el recorrido. Me parece mas sugerente la idea incluso que el Maratón de Nueva York, si bien es cierto que siempre me ha llamado mas la atención correr por la montaña que por ciudad.

Espérate que no me anime un año de éstos.

Óscar Sanz.

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Diario del viaje a Cabo Norte. Etapa 10: Las BMW ya no son lo que eran.

28 de Julio (Norkapp – Noruega / Alta – Noruega) 236 Km.

 Al despertarnos Rafa ya ha marchado. Nos levantamos, nos duchamos tranquilamente y nos encaminamos de nuevo carretera arriba al complejo turístico de NordKapp. El peaje del día anterior lleva incluido el desayuno en el bufet del mirador y la etapa de hoy es relativamente corta, así que podemos echar media mañana haciendo compras de toda clase de merchandising. Turistas de todas partes del mundo. Charlamos un rato con un zamorano que viaja solo y duerme en su ranchera. Nos cuenta que es la segunda vez que viene, que la vez anterior sí estaba el cielo despejado pero que en esta ocasión lleva dos o tres días esperando y no se levanta la niebla, por lo que tiene decidido aguantar hasta por la tarde y marcharse.

Volvemos a asomarnos a la terraza a hacernos unas cuantas fotos mas pero sigue la pertinaz niebla y no tiene pinta de que vaya a abrir. Nosotros nos vamos a media mañana y que salga el sol por dónde (y cuando) quiera.

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Durante la mañana no hay casi gente, acaban de abrir y hay mucho menos ambiente que el día anterior. Incluso aún están cerradas las tiendas, pero allí sigue el piano. Le pido a Antonio que me grabe un par de minutos con el móvil para subirlo a FaceBook. Qué moñas.

En esas estamos cuando nos llama Rafa. ¡Le ha dejado tirado la moto en Honningsvag, el pueblo anterior, a 33 Kilómetros y está esperando una grúa pero le han dicho que por estas latitudes igual tiene que esperar toda la mañana! Pues nada, vamos para allá a ver qué se puede hacer.

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Llegamos a la gasolinera donde se ha refugiado y nos cuenta que se le ha encendido un testigo que dice algo así como “fallo en el motor” y el caso es que la moto arranca pero no pasa de 2.500R.PM. y va a tirones. Vete a saber, puede que sea por todo el agua del día anterior o puede ser cualquier problema eléctrico que interfiera en la centralita informática de la moto y haga que por seguridad el motor no pase de 2.00 vueltas. En cualquier caso es implanteable circular con el motor casi al ralentí hasta Hamburgo. ¡Y menos con prisa!

Toda la mañana de gestiones con la compañía de seguros con BMW…la moto tiene la garantía vencida por un par de meses y sólo tiene 6.500Km. Rafa confía en que en BMW le resolverán el problema pero las horas pasan y no parece que sea cosa de poco tiempo. a media mañana prueba a arrancar y parece que ya va bien pero es una falsa esperanza. Al momento vuelven a aparecer el mismo aviso y los mismos síntomas.

En teoría la grúa está en camino pero por esa zona el primer pueblo de tamaño medio está a cien kilómetros. Según va evolucionando la mañana Rafa ya tiene resuelto el alojamiento por parte del seguro y le ofrecen “repatriarlo” en taxi o en bus hasta algún aeropuerto desde el que volar a Madrid. Una vez que parece que ya está encarrilado el asunto nos insiste en que nos marchemos mientras él se queda esperando a la grúa y/o el taxi. Viendo que se nos va a hacer de noche (es un decir) como no salgamos en breve nos despedimos sobre las 16:00, después de ofrecerle llevarle de paquete en cualquiera de las tres motos. En los días posteriores nos fue contando que finalmente tuvo que quedarse esperando el fin de semana en Honningsvag y le llevaron a Alta el Lunes, ciudad por la que pasamos nosotros el Viernes. Podría haberse venido con nosotros y al menos habría estado mas entretenido. De Alta voló a Oslo y de Oslo a Madrid.

-“Mira por donde al final llegó a tiempo y sin jugarse la vida, el cabrón”.

En cuanto partimos hacia el Sur atravesamos un montón de túneles que unen las innumerables islas por debajo del nivel del mar. No deja de resultarme sorprendente la sensación de ir por carretera bajo el agua. Tras unas cuantas islas, puentes y túneles comienza a abrir el cielo y las nubes dejan paso a un precioso arcoiris que ilumina las inmensidades de agua que se pierden en el horizonte entre montañas. Espectaculares vistas durante todo el trayecto.

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Nosotros llegamos a Alta de día, claro, visitamos la ciudad y nos fuimos al camping en el que estábamos alojados. Una cabaña (esta vez “noruega”) con literas. nos hicimos en la cocina comunitaria una pasta cocida que nos comimos en un cenador con cristaleras muy calentito y agradable y nos supo a gloria. La “cabin” en la que estábamos no tenía baño por que había que salir a mitad de la “noche” al baño común. La sensación de cruzar el camping a las cuatro de la mañana a plena luz del día no dejaba de ser curiosa.

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Óscar Sanz.

P.D: El vídeo:

 

Diario del viaje a Cabo Norte. Etapa 9: Bendito ABS y la madre que parió al reno.

27 de Julio (Napapiiri Rovaniemi -Finlandia / Norkapp – Noruega) 708 Km.

No amanece porque en realidad no ha anochecido. El sol ya se llega a poner tras el horizonte en esta época pero no da tiempo a que se haga noche cerrada cuando vuelve a salir. No Hace demasiado frío pero ya no es el día primaveral de ayer. Incluso amenaza lluvia cuando salimos. Desayunamos, recogemos nuestra ropa limpia en recepción y arrancamos. Cuando llevamos un par de kilómetros tenemos que parar porque Rafa ha olvidado su teléfono móvil en alguna parte del hotel. Se vuelve mientras le nosotros le esperamos a la salida de la ciudad y al cabo de un rato vuelve con el teléfono y podemos proseguir nuestro camino.

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Algo mas adelante, de nuevo en carretera de doble sentido vuelve el buen tiempo y vamos disfrutando de la conducción, con prudencia, a 90 Km/h de crucero y observando las señales que avisan de la presencia de renos cuando de repente…

Tengo el casco de Toño a un metro de mi cara. No estoy seguro de cómo sucede todo pero creo que llego a tocar el freno y a esquivar el golpe de lleno en el último segundo. Aún así el lado derecho de mi guardabarros delantero impacta violentamente contra su maleta izquierda, consiguientemente mi defensa derecha y finalmente mi maleta derecha. Mi pierna, milagrosamente no. Creo recordar que levante al pierna instintivamente o quizá fue la protección de la barra, o que reboté hacia la izquierda. Afortunadamente es una carretera muy poco transitada y no venían coches de frente en ese momento.

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El golpe es tremendo, la maleta de Toño sale volando en mil pedazos esparcida por toda la carretera, una recta larga con pendiente hacia abajo. Probablemente gracias al gran peso de ambas motos y a que era en una recta no nos caemos ninguno de los dos. Toño nota un golpe tremendo atrás pero apenas se desequilibra y yo tras el golpe le adelanto y consigo frenarmanteniendo el equilibrio sin caerme. Creo que mas por mérito de la inercia de la moto que mío. Rafa que iba detrás de mi pasa como una flecha por el hueco que dejamos entre Antonio y yo al rebotar uno contra otro y también se lleva un buen susto.

Nos echamos al arcén y nos detenemos unos metros mas abajo en lugar seguro.

“¿Qué coño ha pasado? ¿Has frenado? ¡Si te iba mirando y de repente te tenía a un palmo!”

-“¡Joder un reno, un puto reno, en mitad de la carretera. estaba en el arcén caminando y se ha puesto justo en medio! ¿No lo habéis visto?¿No has visto la luz de freno? ¿No has visto el warning?”

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.”Qué coño reno ni freno ni warning ni ná... Yo solo he visto la pegatina de atrás de tu casco cuando ya estaba encima”.

-“¡Joder que susto! ¿Estamos todos bien? Vamos a recoger rápido la carretera antes de que pase alguien”

Trozos de maleta por el asfalto, ropa, zapatillas comida…parecía que había explotado una bomba. pero afortunadamente estábamos todos bien. Solo de pensarlo acojona.

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Se detiene algún coche a preguntar mientras recogemos las cosas y le informamos de que, afortunadamente, no es nada grave y que estamos todos bien mientras Rafa comenta:

-“Si no llegáis a separaros por el golpe y hacerme el hueco entre vosotros os impacto yo por detrás a los dos. Para cuando he querido frenar ya estaba pasando por el metro y medio que me habéis dejado”

No sé cómo de brusco fue el frenazo de Antonio pero ese día aprendí dos cosas:

  1. Bendito sea el ABS de la BMW y de la Varadero.
  2. Ni siquiera la suma de la distancia de seguridad mía y la de Rafa fue suficiente y eso que conducíamos con prudencia, prevenidos de los renos, no muy rápido y manteniendo “aproximadamente” la distancia de seguridad legal..

Conclusión: Si el vehículo que llevas delante frena en seco te lo comes; ni distancia de seguridad, ni ABS ni hostias.

La maleta de la BMW se había, literalmente, desintegrado. No había forma humana de recomponerla con cinta americana. La mía, sin embargo, al ser metálica y posiblemente porque el primer impacto fue con mi guardabarros y mi defensa estaba algo “descuadrada” pero conseguí enderezarla. El guardabarros si tuve que apañarlo un poco con cinta. Así pues, recogimos todo, casualmente había una papeleta en un desvío que salía de la carretera justo donde paramos y allí se quedó la maleta de Antonio. Tuvimos que repartir su equipaje entre todos.

Una vez pasado el susto, habiendo dado gracias por lo que podía haber sido y no fue y habiéndonos cagado en la puta madre del reno, que probablemente ni se enteró de la movida y se fue caminando tan tranquilo, reemprendimos la marcha. Afortunadamente no fumamos ninguno porque si llega a tener alguien tabaco igual me echo un cigarrito.

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A medida que nos acercamos al fin del mundo tanto la carretera como el tiempo van empeorando rápidamente, el paisaje se hace mas inhóspito y estepario. Planicies inmensas, aún verdes pero envueltas en una neblina que le da a todo un tono pálido que acentúa la sensación de frío desapacible. El frío y la humedad se mete hasta los huesos y para colmo el navegador nos lleva por carreteras en obras. Tan en obras que no son ni siquiera carreteras sino pistas de tierra y gravilla embarradas en las que cuesta mantener el equilibrio. Con motos de enduro habría sido divertido pero con motos tan pesadas, con tanto equipaje, lloviendo, con la incomodidad de tanta ropa encima y los trajes de lluvia y las manos mojadas la verdad es que estaba deseando que llegar. Tras nueve horas de viaje en moto con esas condiciones y después del incidente del reno ese era el día que mas iba a necesitar una ducha calentita al llegar al refugio de Cabo Norte.

El “campamento base” (Midnattsol camping) está quince minutos mas abajo del mirador de Cabo Norte pero estábamos impacientes por llegar hasta el final y decidimos subir del tirón para encontrarnos ya casi arriba con que resulta que hay que pagar en una especie de peaje para acceder al complejo turístico donde hay restaurante, tiendas y el monumento a los primeros exploradores que anduvieron por allí. Pues nada, a pagar. Lo bueno es que la entrada sirve para varios días, así que podremos volver a la mañana siguiente para desayunar tranquilamente y ver las tiendas y esperamos que las vistas porque la verdad es que aquella tarde no se veía mas allá de cien metros por culpa de la niebla. Nos hacemos, eso sí, las obligadas fotos en el monumento de la esfera terrestre de la terraza con las camisetas de XR Motos y se las enviamos a nuestros compis.

IMG_0807.jpgLa sensación de euforia no llega a desbordarse porque somos tipos duros pero la verdad es que llevo el corazón un poco encogido, la cabeza va a mil por hora y quiero recordar cada minuto. Hemos llegado al paralelo 71º10’21”, bastante mas arriba del círculo polar ártico. No es que tenga mucho mérito pero es otro pequeño reto conseguido y agradezco la motivación para hacerlo. Es como si todo, siempre, donde mires, tuviera un sentido.IMG_0780.jpg

Y para colmo en mitad del vestíbulo principal hay un piano de cola a disposición de cualquiera que se anime a tocarlo. Estoy reventado de tantas horas de moto y frío, pero me puedo resistir y a pesar de que llevo semanas sin tocar en casa decido echarle morro y vencer la vergüenza y me siento a tocar, a modo de homenaje, un par de pasajes que me vienen a la memoria. Pese a la lamentable ejecución la gente aplaude al terminar. Qué subidón. Qué pena no haberlo grabado.

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No anochece, claro, pero sigue nublado. No será hoy cuando veamos el sol de medianoche.

De vuelta al alojamiento, era una especie de refugio o poblado de alta montaña con cabinas de madera en las que apenas cabían dos literas, una mesita en medio y una encimera con una vieja cocina eléctrica de dos placas. Justo lo necesario para calentarnos esas dos latas de fabada Litoral que nos habían acompañado durante seis mil kilómetros y cenar a plena luz del día.

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A todo esto, Rafa seguía haciendo cábalas de cómo iba a salir pitando a la mañana siguiente en cuanto amaneciera (es un decir), sin esperarnos ni subir de nuevo al mirador, y llegar a Hamburgo a tiempo de tomar el avión para Madrid.

Nos cenamos la fabada, nos despedimos de Rafa por si no estábamos despiertos cuando él partiera y a dormir con los sacos en las literas.

Misión cumplida. Ahora solo falta volver.

Óscar Sanz.

P-D: El vídeo:

Diario del viaje a Cabo Norte. Etapa 8: En el pueblo de Santa Claus.

Etapa 8:

 26 de Julio (Umeä-Suecia / Napapiiri Rovaniemi -Finlandia) 515 Km.

Hoy entramos en el octavo país de nuestra ruta y cada vez es mas intensa la sensación de estar lejos de casa. Si hubiera algún contratiempo y tuviéramos que volver sin moto no es lo mismo hacerlo desde París que desde un pueblo perdido en Laponia, la región de Santa Claus. Las carreteras ya no son autopistas sino a lo sumo tres carriles en los que el del centro se alterna en un sentido u otro en función de la pendiente, a modo de aliviadero. Los paisajes son alucinantes. Verde y agua por todas partes.

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La carretera atraviesa pueblos en los que hay que tener cuidado con los radares y transcurre en paralelo un carril bici que en realidad durante buena parte del año es un carril esquí. Como ahora no hay nieve la gente circula con una especie de patines en línea largos, a modo de tablas de esquí con ruedas, y bastones.

En uno de esos pueblos hemos de detenernos para dejar paso a una familia de renos que circulan por mitad de la carretera, atravesando el pueblo, sin ninguna prisa. Seis o siete coches en cada sentido esperando a que los renos tengan a bien apartarse. Nadie pita y nadie se impacienta. Lo bueno de los renos es que no hacen movimientos bruscos. Son tranquilos y previsibles. Sencillamente se ponen en medio de la carretera y pasean.  Lo malo es que vengas rápido y no lo veas a tiempo, pero eso no es asunto del reno.

Sí si, previsibles…

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Compramos comida en un supermercado y pedimos permiso para entrar a comer en unas mesas de un camping a orillas de un río precioso. Buen tiempo.

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Ya por la tarde atravesamos una especie de autopista alucinante en mitad de ninguna parte: Tres carriles en cada sentido pero unidos entre sí, sin mediana en medio ni guardarraíl por ninguna parte. Deducimos que es algo así como una “pista de aterrizaje” ocasional, o al menos eso parece porque son kilómetros y kilómetros en línea recta y con un ancho mayor que un campo de futbol. Podría aterrizar allí un boeing sin problemas.

Llegada a Rovaniemi, la capital de la región de Laponia y ya muy cerca del Círculo Polar Ártico. Preciosa ciudad universitaria que en verano no tiene el encanto de la nieve pero para compensar nos encontramos con que se podía ir en pantalón corto y camiseta. Evidentemente, en invierno sería ya imposible viajar por estas latitudes en moto.

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El alojamiento es una cabaña “finlandesa” (qué ganas tenía de decir esto) perfectamente acondicionada, con calefacción, agua caliente, cocina americana y dos dormitorios y en recepción nos ofrecen lavarnos la ropa sucia acumulada y nos garantizan la entrega seca y planchada por la mañana temprano. Así pues, primera colada del viaje. y aperitivo en la mesita de madera que tenemos delante de nuestra “casita”. Las motos aparcadas en la puerta de manera que no es necesario ni vaciar el equipaje; solo cogemos lo que vayamos a necesitar para cambiarnos.

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Bordea la ciudad el río Kemijoki, en el que se han acondicionado un par de playas pequeñitas en la orilla opuesta en las que se ve gente tomando el sol e incluso bañándose. Tras cruzar el puente nos conformamos, y dado que vamos en pantalón corto, con mojarnos hasta las rodillas, por aquello de cubrir el expediente. El agua del río no me parece mas fría de lo que pueda estar en el cantábrico así que Rafa y yo hacemos el trato de, si tenemos ocasión y en caso de mantenerse esta temperatura o similar, obligarnos a darnos un baño en Cabo Norte. Con dos cojones.

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Después de sellar el trato con un apretón de manos continuamos con nuestro paseo y cruzamos el río hasta una zona de ocio con lo que parecen unos restaurantes y la terraza de un bar bastante animada. Mesas de madera corridas tipo mesón que hemos de compartir con los finlandeses, que sonríen amables.

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Hacía ya días que íbamos notando que anochece mas tarde a medida que vamos subiendo hacia el Norte, hasta el punto de que en la cabaña donde nos alojamos hemos de bajar las persianas para poder dormir.

¡Mañana cruzamos el Círculo Polar Ártico y llegamos a Cabo Norte!

Óscar Sanz.

P.D: El vídeo:

Diario del viaje a Cabo Norte. Etapa 7: Batallitas de moteros.

25 de Julio (Hassela-Suecia / Umeä-Suecia) 321 Km.

Desayunamos en la enorme cocina de la casa café y tostadas y nos ponemos en camino, de nuevo a la E4. Otra etapa “cortita” para dar tiempo a Rafa y otra vez lluvia intermitente. Paramos varias veces a lo largo del día para ponernos y quitarnos la ropa de lluvia. Durante todo el viaje ya teníamos costumbre de parar a echar gasolina a partir de los 250 Km entre gasolineras, que es mas o menos la autonomía de la Yamaha de Fernando, la moto con menor depósito, . Es un coñazo lo de la lluvia pero me concentro en pensar que mas duro es ir corriendo o dando pedales en bici y he hecho sesiones de mas horas. La mano me sigue molestando bastante. Se me duerme el dedo índice y el pulgar y al poco rato se transmite al corazón y al anular. Pero qué cojones todo según lo previsto.

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Entre la lluvia y la mano la verdad es que no disfruto mucho de la moto ese día pero de repente tengo un gran descubrimiento: Si subo los pies desde los estribos al anclaje de las defensas de acero de la moto resulta que la forma del depósito me protege los pié y además no me sube el agua del suelo, con lo que esta vez consigo mantener los pies secos durante toda la etapa. ¿Cómo no lo había probado el otro día? Lo llevo haciendo toda la vida con las otras motos que he tenido. Así que hoy solo llevo mojadas las manos y además no hace demasiado frío con lo que no pasa de ser una molestia soportable.

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El pueblo de Umeä es precioso y el alojamiento es una grata sorpresa. Una especie de “cortijo” pero en Sueco, con un patio en medio y las casa típicas de madera alrededor. Las dos habitaciones dobles son un lujazo y tenemos café soluble para tomarlo al solecito. Por fin ha dejado de llover.

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Al poco de llegar al hotel y una vez instalados nos pide ayuda un alemán que viaja él sólo con su Harley, sus alforjas y sus sesenta y tantos años a cuestas. Tiene la reserva impresa en papel pero la recepción está cerrada a cal y canto, no puede acceder al interior. Vemos que al igual que nosotros tiene apuntado una especie de localizador con un código que ha de introducir en el teclado de la pared y una vez dentro coger la llave -que en realidad es una tarjeta- y mirar el número de su habitación. El hombre llevaba no sé cuantas horas de viaje en moto, estaba desesperado por instalarse y ya se veía durmiendo en la calle. Muy agradecido el hombre se pone a descargar su equipaje mientras nosotros nos disponemos a hacer turismo por el pueblo.

Una vez en el centro, comemos algo y nos acercamos a visitar un museo de guitarras que anuncian en las guías pero al llegar nos parece un robo el precio de la entrada. Teniendo en cuenta que a Fernando y a Antonio no les llama mucho la atención me conformo con comprar un par de camisetas en la tienda de la entrada y seguimos nuestro paseo.

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En la puerta de un hotel vemos dos motoristas descargando sus BMWs con matrícula española. Nos acercamos a saludarles, son dos catalanes que creo recordar que también van camino de Cabo Norte. Uno de ellos, el de la “pedazo” de GT 1.600 (nada menos) nos cuenta, antes de presentarse siquiera, que tiene otras seis motos (nada mas), que es “super rápido” en carreteras de curvas, que es mas motero que la hostia, que sale a “pilotar” todos los fines de semana y que se le ha quemado con el tubo de escape una bolsa BMW que lleva a modo de alforja y, claro, va a tener que montarle un pollo a los de BMW que se van a cagar porque no hay derecho a que una bolsa BMW se queme con el tubo de escape.

-“Eso es porque está mal diseñada”.

También nos cuenta no sé qué movida de que su moto le ha tirado todo el aceite en Alemania y han tenido que llamar al seguro y llevarla al taller o algo así, pero para entonces ya no le estaba prestando mucha atención. El otro compañero parece mas normal, hasta el punto de que da la sensación de que se excusa por su amigo cada vez que interviene en la conversación. En el monologo, quiero decir.

-“Venga, pues buen viaje y tened cuidado”

De vuelta al hotel llega Rafa por fin con su moto, reventado y desando darse una ducha y tomarse una cerveza. Nos adelanta parte de sus peripecias para recuperar la moto y la paliza que lleva en el cuerpo mientras le instalamos en su casco el intercomunicador que llevamos para él. Así estaremos al día siguiente todos conectados. Bajamos a disfrutar de nuestra cervecita en el patio cuando vemos a nuestro amigo alemán, ya instalado y relajado y le invitamos a tomar una cerveza con nosotros en el patio. Muy agradecido se sienta con nosotros y nos cuenta algunas de sus aventuras y viajes en moto. Ha estado ya en otra ocasión en Cabo Norte pero nos reconoce que desde España tiene mas mérito. Rafa vuelve a contar, esta vez ampliada, su peripecia para recuperar su moto pero lo mejor viene cuando cuenta lo que le queda por delante. Por lo visto tiene que estar en Madrid “por cojones” el 3 de Agosto, así que su plan es ir con nosotros en Cabo Norte, dormir allí y por la mañana muy temprano, sin esperarnos, bajarse del tirón hasta Hamburgo en dos días, bien por Noruega o probablemente por Finlandia, para coger un avión y dejar allí la moto para que se la envíen a Madrid. Si llega hasta Helsinki parece ser que hay un Ferry que en una noche llega hasta Alemania. A nosotros, posiblemente por ignorancia, nos resultaba incluso gracioso pero el alemán se lleva las manos a la cabeza y no para de decirle que es una locura, que es imposible, que no llega.

-“¡Estas hablando de hacerte ochocientos kilómetros al día, que es algo menos de lo que has hecho al subir pero no tienes en cuenta que las carreteras ya no son autopistas, los Ferrys, la lluvia…y los renos!”

El alemán ya había rodado por Finlandia y sabía de lo que hablaba.: Allí los Renos son un serio problema para el tráfico, los accidentes están a la orden del día, hay señales de tráfico avisando al respecto por todas partes hasta el punto de que se han convertido en uno de los símbolos del país. No es como en España, que hay señales de vacas y de ciervos por toda la geografía y lo mas probable es que no veas uno en la carretera en tu vida.

Y mira que le hicimos caso al alemán…

Mientras tanto, Rafa no escuchaba. en lugar de ello no dejaba de devanarse el seso para encontrar la manera de llegar hasta Cabo Norte y volver a Madrid a tiempo pero nadie lo veíamos humanamente posible. En fin, no sabíamos muy bien qué decirle. En un momento dado se me ocurrió una solución y la lancé al aire en broma:

-“¿Oye, y si llegas a Cabo Norte y al día siguiente llamas al seguro y dices que se te ha estropeado la moto? Igual te pagan un avión desde alguna parte en el Norte de Noruega o Finlandia y llegas a Madrid en unas horas. No tienes mas que cerrar la llave de la gasolina o quitar un borne de la batería para que no arranque.”

Y para mí que se lo estuvo pensando un rato.

En esas estábamos, medio en serio medio en broma, cuando el alemán nos agradeció las cervezas y se retiró a descansar. Al rato hicimos nosotros lo mismo.

¡Mañana estaremos en Laponia!

 

Óscar Sanz.

 

P.D: El vídeo: